Ante el ruido que causa Evo Morales, los campesinos y la clase inculta de Bolivia creen que el hombre es elogiado y aceptado por sus iguales en oficio a nivel internacional. El pueril razonamiento de los simplones es: ¿vieron cómo lo recibieron en España, Chile y los demás países que visitó? No saben que por ser presidente de un estado, se recibe a cualquiera, con los honores que hacen a su investidura. No a su persona.
Que Evo sea objeto de atención es porque resulta inédito en la historia política y diplomática modernas que un individuo que apenas puede hilvanar una frase coherente, lee con dificultad escolar, viaja a entrevistarse con los dignatarios más importantes del mundo vestido con un sweater barato o chaqueta de cuero y que no conoce de las maneras, costumbres, ni el lenguaje utilizado en el ambiente internacional, haya llegado a la presidencia de una nación.
Es más la afición al teatro que sus invisibles dotes, la que hace a Morales notoriamente llamativo. Cualquier presidente del pasado hizo mejor papel que él. Si lo reciben cordialmente no quiere decir que lo quieran. Donde estuvo, los comentarios sobre su persona han sido abochornantes.
En España se limpió la mano sudada en la chompa antes de estrechar la del rey. En China alabó a Mao, conversando con Hu Jintao. En Chile se hizo mandar al cuerno por Uribe cuando le incitó a romper el TLC con los Estados Unidos. Con Bachelet creyó que porque lo recibió de manera afable ya traía el mar en el bolsillo. En Argentina se plegó a los manifestantes contra el ALCA en vez de mantener una postura digna. Donde Evo fue hizo todo al revés, por eso apareció en los medios informativos. Asunto que toca sale mal, y para eludir responsabilidades culpa a otros o intenta ocultar sus falencias con declaraciones caprichosas e inconexas. |